¿Los chicos tienen cada vez menos tiempo para jugar?
Entre el colegio, las actividades, los horarios de los adultos y las pantallas, el tiempo libre de los chicos parece ser cada vez más escaso.
Y hay algo que muchas veces olvidamos: jugar no es simplemente pasar el tiempo. Jugar también es aprender.
UNICEF destaca que el juego es una de las principales formas en que los niños exploran el mundo, desarrollan habilidades y expresan lo que sienten. A través del juego se pueden estimular la motricidad, la atención, la coordinación, la creatividad y la capacidad de resolver problemas.
Jugar también es aprender
Cuando un bebé intenta agarrar, mover, encastrar o apilar un objeto, está haciendo mucho más que entretenerse.
Está descubriendo cómo funcionan las cosas.
Sus manos empiezan a adquirir precisión, aprende a coordinar lo que ve con lo que hace y poco a poco desarrolla mayor control de sus movimientos.
Eso forma parte de la motricidad fina, una habilidad que se construye progresivamente durante los primeros años.
Por eso actividades tan simples como encastrar piezas, apilar bloques, construir o manipular diferentes objetos pueden convertirse en pequeñas oportunidades de aprendizaje.
No hace falta que el juego sea complicado
Una de las características más interesantes del juego infantil es que no necesita ser sofisticado.
Un niño puede pasar mucho tiempo explorando unas pocas piezas, probando diferentes combinaciones y descubriendo qué sucede cuando cambia algo.
A veces, incluso, el adulto no necesita explicar demasiado.
Puede simplemente estar cerca, observar y acompañar.
UNICEF señala que permitir que los niños exploren y encuentren sus propias soluciones también favorece la concentración, el pensamiento flexible y la resolución de problemas.
Menos instrucciones, más exploración
Como adultos, muchas veces queremos mostrarles rápidamente cómo funciona un juguete.
Pero también puede ser interesante dejar que sean ellos quienes descubran qué pueden hacer con él.
¿Qué pasa si pongo esta pieza acá?
¿Puedo hacer una torre?
¿Y si la desarmo?
¿Puedo construir otra cosa?
Ese proceso de probar, equivocarse y volver a intentar es parte del aprendizaje.
Y ahí aparece una de las grandes virtudes del juego: el niño aprende sin sentir que está estudiando.
El valor de construir con las propias manos
Los juegos de construcción y encastre son un buen ejemplo.
Cuando un niño manipula piezas, las une, las separa y vuelve a intentarlo, pone en movimiento diferentes habilidades al mismo tiempo: coordinación ojo-mano, precisión, percepción espacial, concentración y creatividad.
En un producto Implas, la propuesta es justamente esa: ofrecer piezas que puedan ser manipuladas y combinadas para que cada niño pueda explorar y construir a su manera.
No existe una única forma de jugar.
Volver a darle tiempo al juego
Quizás una de las cosas más importantes que podemos hacer es algo muy sencillo: dejar tiempo para jugar.
No necesariamente hace falta llenar cada momento del día con actividades.
A veces, unos minutos en el piso, unas piezas para construir,armar ,leer ,o simplemente manipular y un poco de libertad para explorar pueden ser suficientes para que aparezcan ideas, desafíos y descubrimientos.
Porque jugar no es tiempo perdido.
Es parte de crecer.
Y quizás, en una época en la que los chicos tienen cada vez más estímulos, una de las cosas que más necesitan sea justamente algo tan simple como tener tiempo para jugar.
En Implas creemos que un juguete no tiene que hacer todo por el niño. También puede darle las herramientas para que sea él quien imagine, pruebe y construya mientras aprende.
